martes, marzo 31, 2009

Spurgeon

Perdonad que muchas veces ponga parte de los escritos de Spurgeon pero me estoy leyendo el libro y el Señor me está hablando a través de él.

El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados
(Hech. 5:30,31).
He hablado continuamente acerca del Cristo crucificado, quien es la gran esperanza del culpable; pero es sabio que nos acordemos de que nuestro Señor resucitó de entre los muertos y vive eternamente.

No se te pide que creas en un Cristo muerto, sino en un Redentor que murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Así es que puedes acudir a Jesús en seguida como a un amigo vivo y presente. No se trata de un simple recuerdo, sino de una persona continuamente existente quién desea oír tus oraciones y contestarlas. Él vive a propósito para continuar la obra, por la cual sacrificó su vida. Está intercediendo por los pecadores a la diestra del Padre, y por lo mismo es poderoso
«para salvar eternamente a los que por él se acercan a Dios» (Heb. 9:25). Acude a él y entrégate a este Salvador vivo, si antes no lo has hecho.


Este Jesús vivo está ensalzado hasta la eminencia de gloria y poder. Hoy no sufre como
«el humillado ante sus enemigos,» no sufre trabajos como «el hijo del carpintero,» sino que está elevado muy por encima de los principados y las potencias y todo nombre. El Padre le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra y está ejecutando este encargo glorioso, llevando a cabo su obra de gracia. Escucha bien lo que Pedro y los otros apóstoles testifican acerca de él ante el sumo sacerdote y todo el concilio:

Dios nos ayude porque realmente seamos conscientes que no somos siervos de un dios muerto, sino del único Dios verdadero que vive eternamente

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